Otra salida con Helena y amigas

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Otra salida con Helena y amigas
Otra salida con Helena y amigas

Era un viernes bastante cálido, a pesar de que todavía estábamos en otoño.
Víctor y yo habíamos cenado temprano y estábamos abrazados en el sofá del living, mirando películas.
Alrededor de la medianoche sonó el teléfono y era Helena, recordándome la salida que habíamos preparado con casi un mes de anticipación y que, naturalmente, yo había olvidado… Era la despedida de soltera de una de las chicas de la oficina y estaba previsto concurrir a un boliche a tomar algo.

Miré a mi dulce esposo, que ya comenzaba a tener sueño y le dije que iba a salir con las chicas. No se preocupó demasiado en ese momento, pero sí un rato después, cuando regresé al living ya maquillada y vestida para salir…

Me había puesto una minifalda de cuero negro, que hacía resaltar mis largas piernas y la firmeza de mi cola. Una blusa blanca casi transparente que dejaba entrever mis pezones más oscuros que mis redondas tetas, ya que no llevaba corpiño. Por supuesto, unos tacos altos completaban mi tremendo look de perra callejera…

Víctor se quedó con la boca abierta y dijo que los strippers me iban a coger a mí en lugar de cogerse a la novia que abandonaba su soltería. Me reí y le planté un tremendo beso de lengua, que lo dejó sin aire. Me preguntó si quería que me llevase, para evitarme manejar y acepté encantada.

Al bajarme del auto le dije que lo llamaría para que me pasara a buscar más tarde…
En la entrada del boliche me encontré con Helena. Dijo que las chicas habían arreglado otra cosa, algo más privado, en el departamento de una de ellas. Así que hacia allí nos dirigimos en su auto. Helena estaba vestida de puta igual que yo… sonrió adivinándome el pensamiento y me susurró mientras me acariciaba un muslo:
“Vamos a ver quién tiene más suerte con los strippers esta noche…”

Al llegar al departamento de Cecilia, encontramos que estaban ella y otras dos chicas además de Carla, la novia agasajada. Habían contratado un servicio que incluía un barman y dos mozos para que nos atendieran toda la noche. Había música, barra libre de alcohol, algunos mariscos, champagne y un ambiente que parecía divertido…

Carla era una pendeja más joven que nosotras; bastante bonita pero no exuberante, delgada y con un cuerpo bastante armónico, donde sobresalía su cola bien redonda. Era muy divertida y yo pensé que ella iba a ser el alma de la fiesta…
Cecilia era también otra loca bastante atrevida, todavía soltera y las otras dos chicas eran de otro sector y no las conocíamos demasiado; aunque parecían ser mucho más discretas y calmadas que Helena y yo.

Después de servirme un trago en la barra, me acerqué a mi amiga para susurrarle:
“A qué hora llegan los strippers…?
“No seas boluda, Anita… los strippers son los que están disfrazados de mozo…”

Miré a ambos hombres con más detenimiento y supe que Helena tenía razón. Los dos eran jóvenes, muy apuestos y vestidos con pulcritud; con unas espaldas anchas y unos cuerpos tallados a mano… solo faltaba que se desnudaran…
Nos sentamos alrededor de la mesa y nos sirvieron otra ronda de tragos.

Carla comenzó a abrir los regalos que había recibido. Uno era una colección de condones fluorescentes, que brillaban en la oscuridad. Cecilia acotó que se vería muy bien rodeando la enorme verga del futuro esposo. Las demás quisieron saber cómo Cecilia conocía el tamaño de esa verga, pero antes de que pudiera responder, todas se largaron a reír, incluyendo a Carla…
Otro regalo era un vibrador de dimensiones descomunales. Era casi tan grande como nuestros brazos en su dimensión. Carla abrió los ojos en sorpresa, diciendo que su novio no la tenía tan grande.

Helena entonces le dijo que le serviría para cuando no quedara satisfecha. Seguramente iba a doler un poco si conseguía metérselo todo entero, pero ese detalle agregaría un poco de morbo a la situación.

Yo estaba ya demasiado risueña por el exceso de champagne y margaritas. Noté que los tres hombres presentes no me quitaban la vista de encima y entonces supe el por qué… Mi falda se había subido dejando al descubierto mis muslos entreabiertos, que naturalmente dejaban ver mis labios vaginales depilados…

El barman desde lejos me ofreció otra “margarita”; aunque esta vez me pareció que le ponía el doble de tequila y me la envió con uno de los mozos. El chico se acercó, aprovechando para rozar mi mano al entregarme la copa.
Mientras saboreaba mi nuevo trago, noté que las otras chicas también se habían percatado de las miradas masculinas y todas ellas ahora parecían estar atentas a cada movimiento de sus cuerpos y a cada pose…

De pronto Helena llamó a Francis, uno de los mozos, para que se acercara. Le dijo que lo necesitaba para enseñarle a Carla cómo se utilizaba ese aparato vibrador.

El chico dejó la bandeja a un lado y se acercó a mi amiga, comenzando a acariciarle el cuello suavemente. Helena parecía disfrutar de esas caricias, gimiendo suavemente con los ojos cerrados. Las manos de Francis entraron en su escote y comenzaron a acariciar sus hermosas tetas. Pude ver que mi amiga entraba en un estado de éxtasis.

Toda su sensualidad empezó a brotar. Movimientos cadenciosos al ritmo de las caricias, se empezaron a hacer más marcados y vehementes. Ahora el chico se había inclinado sobre ella y su lengua recorría sus pezones erectos, pasaba de uno a otro, se detenía entre ambos, los mordisqueaba; haciendo que Helena temblara de placer. Ella por supuesto buscaba algo más, pero seguía jadeando sin decir nada, incitando a Francis a que continuara su recorrido.

El barman se acercó a Cecilia, intentando hacer algo parecido. Ella dudó al principio, pero enseguida se dejó llevar. Le susurró al hombre muy suavemente:
“Quiero que me hagas lo mismo que le están haciendo a ella”
“No hay problema, yo soy su maestro” Respondió el barman sonriendo.

La tomó por las nalgas y la levantó en vilo, llevándola hasta otro sofá cercano. La recostó allí; le sacó los zapatos y empezó a besar sus pies. Luego comenzó a subir con su lengua por el interior de los muslos, mientras levantaba la falda y con sus dedos le acariciaba los pezones duros por sobre su blusa. Cecilia usaba una tanga negra de seda, muy sexy y también muy humedecida, como pudimos ver cuando el barman se la quitó y la arrojó al suelo.

El segundo mozo, llamado Jaime, viendo el estado de calentura en que se encontraba Helena, se acercó a ella, mirándola fijamente a los ojos para determinar si podía integrarse a ese momento erótico que ella estaba viviendo tan intensamente.
Mi amiga siguió recibiendo las caricias de Francis y con cara de lujuria mojó sus labios en una copa y atrajo a Jaime por el cinturón. Mientras Francis ya había encontrado que mi amiga no llevaba ropa interior y sus hábiles dedos estaban bajando hacia sus invitantes muslos abiertos, que se separaron un poco más, deseosos de ser tocados.

Las manos de Helena encontraron lo que buscaba: un tremendo paquete escondido en los pantalones de Jaime. Enseguida mi amiga tomó esa magnífica verga entre sus labios y comenzó a engullirla entera, provocando gemidos de placer al chico.

Las otras chicas estaban absolutamente calladas. El silencio en la habitación era roto solamente por los suaves suspiros de Cecilia, que tenía la cara del barman enterrada entre sus labios vaginales, arrancándole jadeos y gemidos de gata en celo.
En tanto, Francis empezaba a explorar por fin el triángulo perfecto de mi amiga Helena. Mi amiga lanzó un pequeño aullido al sentir la lengua de ese chico dentro de su humedecida y caliente vagina.

Francis comenzó a hurgar con su lengua, mientras sus dedos dilataban las paredes vaginales de Helena. Ella mientras siguió comiéndose la pija de Jaime. Era tan grande, que apenas podía engullir la mitad de esa increíble cosa…
Mientras tanto Cecilia seguía gozando de la boca y los dedos del barman, llamando a puro grito histérico a su otra amiga Silvina, para que la ayudara. Quería que ese hombre la penetrara de una buena vez, pero deseaba que su amiga lesbiana pudiera verla de cerca.

Silvina, que en realidad era bisexual y abierta al placer sexual que fuera; no titubeó un instante y se acercó al barman. Le bajó los pantalones y el slip. Luego, para sorpresa de todas nosotras, le metió al hombre su sedosa lengua en el ano. Recorría desde la entrada trasera hasta la parte inferior de los testículos, pasando por el camino del placer entre ambas partes. Golpeaba suavemente las nalgas, cuando tomaba algo de aire. Sus dedos no se quedaron quietos, tomando el prepucio y tirándolo hacia atrás, dejo al descubierto la cabeza de ese pene rojizo, erecto, bastante grueso también…

Helena tomó aire e insistió en meterse a fondo la verga de Jaime; esta vez, con mayor éxito, pero sin llegar a todo el largo de su tamaño. Esa verga parecía seguir creciendo en la boca de mi amiga.
De repente ella se la sacó de la boca y abrió más sus muslos, pidiéndole a Francis que dejara su lugar libre para Jaime. Este último se arrodilló entre los muslos abiertos de Helena y la penetró con toda facilidad, en un solo empujón, hasta el fondo…

Mi amiga gimió y comenzó a llorar de placer, sintiendo ese enorme ariete que entraba y salía de su cuerpo. El chico empezó a bombearla con más ímpetu, sosteniendo los suaves tobillos de Helena en alto.

Tanta calentura en el ambiente me generó un poco de humedad a mí también, ya que pronto comencé a sentir mi concha ardiendo en llamas. La verga de Francis había quedado abandonada; así que decidí que era mi turno de utilizar el “servicio de bar”…

Tomé a Francis de la mano y lo arrastré a una de las habitaciones, lejos de miradas indiscretas. A Cecilia no le importaría que le manchara sus sábanas; en ese momento el barman la estaba penetrando desde atrás mientras ella estaba de rodillas en el sofá y su querida mejor amiga Silvina insistía en lamer la entrada anal del hombre mientras él resoplaba a espaldas de nuestra anfitriona.

Empujé a Francis dentro del dormitorio y cerré la puerta detrás de nosotros.

Avancé sola hasta la cama y me levanté la falda de cuero, mostrándole al chico mis nalgas desnudas. Francis dejó escapar un suspiro y se desnudó en apenas segundos. Su verga era tan grande como las de sus dos amigos. Y ya estaba bastante endurecida.
“No estoy de ánimo para abrir mi boca… quiero me cojas bien duro con esa gran pija”

El chico no necesitó más explicaciones. Avanzó hacia mi espalda y me hizo apoyar mis manos sobre una especie de cómoda junto a la cama. Así como estábamos, de pie, me aferró por las caderas y enseguida pude sentir la cabeza de su verga entrando en mi húmeda concha.

No me había equivocado en mi elección. Francis no solamente tenía una verga enorme y dura: además sabía utilizarla muy bien. Me bombeó salvajemente durante un buen rato, mientras me tironeaba del pelo hacia él y me daba palmadas en las nalgas. Me trató como a una verdadera puta y eso me calentó todavía más y más.

Acabé como loca mientras sus manos sobaban mis tetas y su verga me traspasaba de lado a lado, cada vez más dura y cada vez más grande.
Mientras temblaba sintiendo mi orgasmo, Francis aulló y se vació dentro de mi vagina, inundándome de semen hirviente. Cuando me soltó, caí de boca hacia la cama y allí quedé sin poder reaccionar.

El aire de la noche me despabiló. Estaba sentada en el auto de Helena y mi amiga sonrió al verme despertar. Noté que estaba vestida como cuando salí de mi casa, aunque podía sentir cierta humedad y fluidos extraños dentro de mi concha…

“Ufff, la Bella Durmiente, por fin me hace el honor…” Dijo Helena, que pasó a detallarme los momentos que me había perdido en el living de Cecilia:

“Jaime me hizo acabar dos veces antes de salirse de mi concha y dedicarse a coger con Carla. La futura esposa quedó loca con semejante cogida; ahora no sabe si casarse con ese novio, ya que la tiene demasiado pequeña, comparada con la de Jaime…Las amigas bisexuales se dedicaron al barman, que las sodomizó a las dos y todavía le quedaron ganas de cogerse a esa otra nena callada de quien ni sabemos el nombre. También ella quedó enloquecida con tanta verga. Tu chico Francis te dejó abandonada en la cama, pero tenía aguante para rato y seguía con esa serpiente bien erecta y dura. Se la chupé entera y sentí tus jugos a lo largo de toda esa verga, así que eso me puso muy caliente y le ofrecí a ese chico mi cola, que aceptó con mucho gusto. Se te fue la mano con las margaritas, Ana querida; esta vez te quedó la cola sin tocar… tal vez se la puedas entregar a tu maridito después, como premio consuelo…”

Al llegar a la puerta de mi casa nos besamos como siempre, con toda la calentura que sentíamos una por la otra. Pude notar el sabor a semen en su sedosa lengua…

A la mañana siguiente desperté con mi adorado y atento Víctor trayéndome una bandeja de desayuno a la cama. Sonrió y preguntó con expresión divertida:
“Fallaron los strippers?… volvieron a casa demasiado temprano las chicas…”
“Bueno, fue una noche de chicas, solamente. Demasiado champagne y margaritas… bastante aburrido todo, casi no recuerdo nada de lo que pasó…”
Respondí con expresión cansada, casi sin mentir…

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